Entretien avec Antonio Colinas par Francisco Aroca Iniesta

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ANTONIO COLINAS UN POETA ÓRFICO: « TAMPOCO

COMPRENDO LA POESÍA, RARAMENTE, SIN

MÚSICA »

Francisco ARROCA
Université d’Amiens
CEHA/CERCLL

Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) reunió en 2011 su obra poética en Siruela y en Fondo de Cultura Económica. El volumen de casi mil páginas,Antonio Colinas. Obra poética completa, recoge dieciséis poemarios escritos entre 1967 y 2010, esto es, más de cuarenta años de poesía. Junto a libros conocidos como Preludios a una noche total (1969), Sepulcro en Tarquinia (1975), Noche más allá de la noche (1983) y los tres libros posteriores que conforman la « trilogía de la mansedumbre » : Los silencios de fuego (1992), Libro de la mansedumbre (1997) y Tiempo y abismo (2002), encontramos algunos rescatados o ampliados con poemas inéditos, como La viña salvaje o El laberinto invisible. Poesía que entendemos mejor a través de su obra ensayística, en la que destacaremos las publicaciones más recientes: Tres tratados de armonía (2010) y Nuevos ensayos en libertad (2011). En lo que respecta a la bibliografia esencial sobre Antonio Colinas, ésta puede consultarse en la página web: <http://www.antoniocolinas.com/>

En Francia, la poesía del escritor leonés disfruta de cierta difusión gracias a diversos estudios universitarios y a eventos organizados por hispanistas franceses. En Les Langues Néo-Latines (n.os 346 y 361), por ejemplo, contamos con estudios tanto de la poética de la armonía de las primeras etapas como de la poética de la mansedumbre, propia de la última etapa que encarna la trilogía antes citada.

Cuestionario

Pregunta 1. Como tú mismo afirmas, es a partir de Los silencios de fuego cuando irrumpe en tu poesía la realidad cotidiana y de la Historia contemporánea, larealidad-realidad. La caída del muro de Berlín, las Guerras del Golfo y de Irak, el atentado terrorista en Madrid el 11-M o las tensiones en la ciudad de Jerusalén son algunos de los temas que se enumeran al evocar la tercera etapa de tu poesía. Sin embargo, no suele hacerse alusión al tema de Internet,  presente en el poema « En Madrigal » (Tiempo y abismo) y en el fragmento IX de « Catorce retratos de mujer » (El laberinto invisible). ¿Por qué? ¿“Quizás aquello que inesperadamente se encuentra entre las nubes es difícil hallarlo en la pantalla de un ordenador”? (últimos versos del fragmento IX)

– El poeta, como sabes, trabaja sobre todo con los temas esenciales –el amor, el tiempo, la muerte, la naturaleza, lo sagrado–, pero a la vez no elude los temas de la realidad más cercana; de ahí esa preocupación mía por los acontecimientos más radicales de los últimos años. El tema de internet, con ser importante, no entra para mí dentro de ese primer criterio. No sabemos lo que este medio y el futuro nos depararán; de momento,el poeta debe seguir siendo fiel a su voz, dejarse fluir con ella, escuchar las « llamadas interiores » y fundirlas con las de la realidad-realidad. No soy contrario a los nuevos medios tecnológicos e informáticos, siempre que se utilicen en su justo medio. Ahora los jóvenes tienden a ver en internet un medio ideal y prolífico para difundir la poesía. Me parece algo útil y justo, pero no hay que olvidarse de la soledad del creador frente a la página en blanco, frente al mensaje que, esencialmente, nos desea transmitir.

Pregunta 2. La imagen del “laberinto” aparece de manera recurrente a lo largo de toda tu obra poética, casi siempre para evocar la maraña de calles y encrucijadas de ciudades españolas, europeas o de otros continentes. A veces, el laberinto en tu poesía sugiere los entresijos del amor o del dolor así como los de la búsqueda interior. ¿A qué apunta el título de tu poemario El laberinto invisible?

 – Precisamentre en estos días he escrito algunos poemas nuevos que voy añadiendo al que será (completo) un nuevo libro, El laberinto invisible. Cuando publiqué mi Obra poética completa, me negaba a cerrarla con el título tópico “Y otros poemas”. Por eso, ya le di título a aquellos poemas finales. Pero este libro aparecerá muy ampliado. El laberinto es en efecto uno de los símbolos claves de mi obra. Su significado se puede apreciar en el título del poema del mismo título, “El laberinto invisible”. Ese laberinto, en el fondo, no es otro que el de la vida, el del ser; laberinto que, cuando se recorre, estamos trabajando con otro símbolo, el del viaje; que como sabes también es un viaje doble: el viaje exterior y el interior. El calificativo de “invisible” aplicado al título hace más sutil y profundo el significado. Viajamos por la vida, nos desarrollamos como personas, pero vamos en el fondo por un laberinto misterioso, o acaso sin salida. En el fondo, pues, de ese laberinto y de ese viaje está el tema de la muerte, del más allá, de la trascendencia: uno de los temas esenciales de que hablaba al principio.

Pregunta 3. “La Nature est un temple où de vivants piliers/
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
/L’homme y passe à travers des forêts de symboles/
Qui l’observent avec des regards familiers”. (“Correspondances”, Baudelaire). ¿Te identificas en algo con las correspondencias de Charles Baudelaire?

– Sí, aunque a mí en mi etapa “irracionalista” me influyó más la poesía de Rimbaud que la de Baudelaire. Pero, en efecto, los “símbolos” son primordiales en mi obra. Ya he recordado que cuando el ser humano está en crisis aguda sólo le quedan los símbolos a los que aferrarse. Ponernos junto al mar, ascender a un monte, ver la profunda significación de un árbol, ver (como Jung quería) la piedra como “energía indestructible”, el misterio de la noche y la muy variada significación de la luz, son sólo algunos de los símbolos decisivos para el ser humano, y muy importantes en mi poesía. Por eso, parafraseando las palabras de Baudelaire, bien podemos decir que mi poesía no es otra cosa sino una “forêt de symboles”. Ese “bosque” no es otro que el de los poemas, que el lector o el autor deben luego interpretar con libertad.

Pregunta 4. En la nutrida lista de símbolos que encontramos en tu obra poética sobresalen: la piedra, la noche, la luz, la sombra, el fuego, las ruinas, el bosque, las zarzas… El significado de estos símbolos ya ha sido analizado en distintos ensayos o entrevistas. Me gustaría que hablaras de los “nuevos” símbolos que han ido apareciendo en tus últimas entregas. Por ejemplo, de la lámpara o de la lucerna, presente en “A nuestro perro, en su muerte”, texto que forma parte de Libro de la mansedumbre:

 -Es la última noche

y no es fácil dormir porque detrás del muro

intuimos tu muerte.

Así que he acabado por salir a buscarte

a tientas en la sombra

y en ella te he encontrado respirando

aún como una llama.

(Como llama en lucerna sin aceite)

Vemos que este mismo símbolo asoma con insistencia en Desiertos de la luz, sobre todo, en la sección “Cuaderno de la luz”, como anuncian los epígrafes de San Lucas : “Estad preparados y tened encendidas vuestras lámparas”, Lc 12-15 y de R. M. Rilke : “Las llamas, temerosas y débiles, que llevan nuestras lámparas”. ¿No cobra aquí el símbolo de la lámpara o lucerna otra dimensión?

– Yo creo que el símbolo primordial de la última etapa de mi poesía es el de la luz. Todavía sigue apareciendo en ella el de la noche, pero no tiene el protagonismo que ésta tenía en un libro como Noche más allá de la noche. La luz es la luz física (las luces cobrizas de los otoños leoneses, pero también la luz blanca y fogosa del Mediterráneo), pero sobre todo es la luz del conocimiento. Ahí tenemos que remitirnos a otra cita bíblica, la del arranque poemático del evangelio de San Juan. En ese texto la luz es también palabravida, conocimiento, que se contraponen a las “tinieblas”. Pero además la luz es la gran contraria de la oscuridad, en la dualidad, en los opuestos. Quizá las lámparas o las lucernas, pero sobre todo la llama, el fuego, serían subtemas de la luz. Yo elegí para la cubierta de mi libro Desiertos de la luz  precisamente una lucerna del siglo I que compré durante mi primer viaje a Jerusalén. Son símbolos que también están my presentes en nuestra tradición, como en Juan de la Cruz. La lucerna es un símbolo muy curioso, porque remite a la intrahistoria, pero a la larga alude a la llama, al fuego, que son otros grandes símbolos en algunos de mis poemas, comenzando por el titulado “La llama”.

Pregunta 5. En El laberinto invisible, en cambio, el símbolo de la lámpara-lucerna parece haber desaparecido y haber sido sustituido por otros símbolos del Extremo Oriente. Me ha llamado especialmente la atención el de las sedas de Henán, evocadas en las secciones 4 y 5 de “En invierno retorno al Palacio de Verano”:

Ya destellan semáforos,

ya estoy viendo los nidos

del hormigón y el hierro,

oyendo las sirenas policiales

y las de una ambulancia

que sale en busca de una nueva muerte,

ya me encuentro atrapado

en el atasco de las autopistas;

más la calma se halla en la tibieza

del símbolo que llevo entre mis manos:

cuatro sedas

que, siendo mudas,

me hablan.

Estas sedas que el sujeto poético acaricia en la gran urbe de Pekín son para él la salvación en esta noche del siglo XXI. ¿Tanto poder simbólico poseen estas sedas de una provincia del este de la China?

– El viajero de ese poema, después de haberse reencontrado con la idea de armonía en el Palacio de Verano (en pleno invierno helador), se ve sumergido en un atasco en una autopista, de noche, en un país extraño, superpoblado. De esa viviencia nace una sensación de angustia y, de nuevo, como dije antes, se aferra al símbolo, que en este caso es una caja de sedas que le acaban de regalar. La seda es un símbolo que ya aparece en La simiente enterrada. Un viaje a China, unida al color oro viejo, que uno de los colores esenciales de mi poesía. La seda, es entonces –al margen de su valor artesanal o artístico– como una música que se siente con los dedos, que se toca y acaricia, pero que no se oye. Algo que nos saca del turbión de vivir un instante angustioso.

Pregunta 6. Volviendo a tus primeras etapas, Truenos y flautas en un templo (1972) y Sepulcro en Tarquinia (1975) fueron calificados de “esteticistas”, “culturalistas” y marcados por  el “irracionalismo”. ¿Ha desaparecido del todo el esteticismo y el culturalismo en tu poesía última?

En “Reviviendo a Ciorán” (Tiempo y abismo, 2002), por ejemplo, el yo poético coliniano no parece renunciar  a la belleza y a identificarla con lo sublime:

También como Ciorán, ya lejos del abismo,

es fácil comprender que la belleza

es el camino de la realidad

más sublime.

– Creo que mi poesía no ha renunciado nunca a los valores de verdad y belleza. Entendidos éstos no como meros y gratuítos factores esteticistas, vacíos. Son constantes que siempre acompañan a mi poesía, como la emoción o el sentido órfico, musical, de mis versos. Lo mismo siento ante la utilización de la cultura en poesía, que para mí ha sido siempre sinónimo de vida. Debajo del nombre propio, del signo cultural, siempre está en mi poesía la experiencia vital, la realidad. Por ello, hay aquí una disidencia con algunos autores de mi generación, que a veces han utilizado la cultura como un elemento meramente esteticista, detrás del cual no hay vida alguna. Por otra parte, es cierto que, a partir de la “trilogía de la mansedumbre” mi palabra se desnuda, afronta el compromiso con la realidad-realidad, pero tampoco desde una óptica meramente “testimonial” o “social”, sino como algo que turba a las raíces de la persona.

Pregunta 7. Respecto al irracionalismo, ¿ha sido éste reemplazado por el simbolismo? ¿no persisten algunos rasgos irracionales en tus símbolos poéticos?

– Es cierto que el simbolismo es más marcado últimamente en mi poesía, pero tampoco puedo decir que haya renunciado a lo que yo llamo un “irracionalismo fértil”. A veces, en algunos poemas muy lineales o “fotográficos”, de repente aparecen versos que remiten a lo meramente irracional. Siempre he criticado el poema como mensaje meramente “fotográfico”. La palabra poética siempre debe ir más allá, quebrar la mirada y el tópico realistas, y ahí es donde aparece el fulgor o hallazgo de lo “irracional” (que no es, claro está, el mero automatismo, el “todo vale” del experimentador o “constructor” de poemas). El mensaje irracional también debe poseer un sentido de coherencia. El mero automatismo no basta.

Pregunta 8. ¿No podrían considerarse como elementos culturalistas las numerosas alusiones a la obra y a la vida de músicos y poetas, mayoritariamente alemanes, en el extenso poema “La tumba negra” publicado a finales de los noventa?

 – En ese poema pesa más la realidad que lo “cultural”. Cuando en el poema estoy hablando de Bach estoy refiriéndome, ante todo, a un ser humano. Cuando hablo de la casa de Händel o del museo de las Biblias de los pietistas en Halle, estoy poniendo en comunicación esos temas con los campos de concentración. El paseo por los espacios “cultos” de Weimar, acaba frente al Hotel del Elefante, donde se alojó Hitler. Cuando recuerdo templos que se utilizaron como “almacén” estoy pensando en el stalinismo. Son pues referencias cultas siempre alusivas a la realidad; aunque a veces en otros poemas haya un halo de “romanticismo” que envuelve a las alusiones cultas (así la presencia de los personajes femeninos de la literatura alemana). En el poema sobre Bonn tampoco es Bach o el pianista Richter los factores claves, sino la música. Esta distinción entre lo meramente esteticista y la vida es primordial para comprender la base cultural de mi poesía.

Pregunta 9. La presencia de la música a lo largo de toda poesía es una constante. Muchos de los títulos y subtítulos de los libros de tus primeras etapas tienen que ver con el mundo de la música  : Preludios a una noche total, Truenos y flautas en un templo, Los cantos de ónice, Suite castellana. Estos títulos musicales parecen dar paso después a los que hacen referencia a la dualidad oscuridad / luz: En lo oscuroNoche más allá de la noche, La tumba negra, Desiertos de la luz, Cuaderno de la luz o incluso al silencio: Los silencios de fuego. Lo que me parece que no debe interpretarse como una desaparición del elemento musical a finales de los setenta. ¿Adquiere otro significado la música en tus versos a partir de los años ochenta?

– Sí, quizá al principio la música poseía para mí un mayor componente de ebriedad, de exaltación. Luego, la música es la que yo reconozco en Bach, una especie de “matemática celeste”. Chopin queda así relegado ante una visión más armónica de la música, más equilibrada entre un sentir y un pensar. También está muy presente en esta etapa de mi vida la música de Händel, porque me remite a la plenitud de ser. Las arias de Bach, de Händel, de Mozart remiten a una armonía plena y evitan el lado meramente pasional o sentimental, trágico o dramático, exaltado, de la música. A esta música se refiere el personaje de mi primera novelaUn año en el sur, cuando dice que “la música sola es peligrosa”; se refiere a esa música de sentido no armónico.    

Pregunta 10. En cuanto a poemas concretos, algunos como “Combate de la ceniza y la música” (Tiempo y abismo) son un homenaje a Fray Luis de León. En tu poema, vemos  evocados la teoría pitagórica de la música de las esferas y el tan luisano anhelo de fusión con el cosmos. En “La tumba negra” (Libro de la mansedumbre), la música de Bach sirve de medio para explorar “galaxias de otros mundos”, aunque siempre desde una Razón que domina toda la gama de las emociones humanas y, normalmente, contrapuesta a todo misticismo. ¿Existe una contradicción entre ambas visiones de la música? ¿y si sustituimos la palabra “música” por “poesía”?

(Galaxias musicales de otros mundos,

la piedad de los ángeles, lo manso

del más acá y del más allá, la grave

humanidad del ser con todos sus tormentos,

purgatorio de vida entreabriéndose

como volcán de luz.

El corazón

de su música entrega luminosa razón,

la razón de su música ofrenda

espíritu inflamado.

[…]

De la sima más negra de la noche

fluía manantial de alegría y consuelo.

– En parte ya lo he explicado en la respuesta anterior. Tú has citado muy bien una palabra clave: Razón. Hay no sólo una Razón sistemática sino una Razón más flexible y fértil. Es esa Razón que utilizan algunos poetas, como Hölderlin, Leopardi o Rilke. También el último Juan Ramón. Por eso, también he dicho que “el poema ideal es aquel en el cual el poeta siente y razona en igual medida”. El verso no es sólo una mera expresión de sentimientos. Lo mismo sucede con la música, que puede ser “luminosa razón”, una hermana de la palabra, del “espíritu inflamado”. Por otra parte, hay esa identificación profunda entre poesía y música, ya desde el son órfico-pitagórico de Fray Luis. Tampoco comprendo la poesía, raramente, sin música.

                                                         © Francisco Aroca Iniesta. Société des Langues Néo-Latines, 2012.

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